El relato de Adán y Eva en Génesis es uno de los más estudiados en la Biblia, no solo por su riqueza teológica, sino también por su impacto en cómo entendemos el origen de la humanidad, la ética y las relaciones entre las personas.
Este pasaje no se limita a narrar la creación de los primeros seres humanos. También establece el fundamento teológico para comprender la complementariedad entre el hombre y la mujer. Desde el inicio, Dios los creó a su imagen y semejanza, reflejando así su intención de unidad y cooperación entre los géneros.
En este análisis veremos cómo el relato bíblico presenta el diseño divino para la complementariedad, la igualdad en dignidad y la diferencia en roles, proporcionando un marco para las relaciones humanas.
Imagen y semejanza de Dios
En Génesis 1:26-27 se declara que la creación del hombre y la mujer está intrínsecamente ligada a la imagen y semejanza de Dios. Esto implica que la humanidad refleja atributos divinos, gozando de una dignidad y un propósito únicos que provienen directamente de su Creador.
MacArthur y Mayhue afirman que “entender a la humanidad implica comprender que el hombre es la imagen y la semejanza de Dios” (2017, p. 558). Quien intenta comprender al ser humano sin considerar a Dios, se priva de entender el verdadero propósito para el que fue creado: reflejar la gloria divina y participar en su obra redentora.
En hebreo, la palabra צֶלֶם (tselem), traducida como “imagen”, se refiere a una copia o representación. En la antigüedad, los gobernantes colocaban imágenes suyas como símbolo de soberanía. Del mismo modo, quienes llevan la imagen de Dios lo representan en el mundo.
Por su parte, דְּמוּת (demut), “semejanza”, significa “patrón” o “modelo”, señalando que el ser humano fue formado a partir de Dios. Ambos términos forman una unidad, no deben entenderse por separado.
Esta verdad es clave: la imagen y semejanza de Dios está presente en todas las personas, sin distinción de sexo. Como señalan MacArthur y Mayhue, “aunque de géneros distintos, tanto el varón como la mujer son iguales como personas y en su valía” (2017, p. 559).
En un mundo que aún lucha por la igualdad de género, Génesis nos recuerda que Dios nos diseñó con el mismo valor, aunque con roles diferentes que se complementan.
La complementariedad de Adán y Eva
En el capítulo 2, Dios declara que “no es bueno que el hombre esté solo”, resaltando la naturaleza social del ser humano. Wayne Grudem señala que “entre los hombres y las mujeres, la unidad interpersonal alcanza su máxima expresión en el matrimonio, donde esposo y esposa llegan a ser, en un sentido, dos personas en una” (1994, p. 994).
Dios decide darle al hombre una “ayuda idónea” (ezer y negued en hebreo), expresión clave para entender la complementariedad. No se trata de inferioridad, sino de una función distinta. El término ezer incluso se usa en el Antiguo Testamento para describir la ayuda que Dios da a su pueblo.
El relato describe que Dios hizo dormir a Adán, tomó de su צֶלַע (tsela) y formó a la mujer. Más que “costilla”, el término significa “costado” o “lado”, evocando la imagen de dos hojas de una puerta que solo funcionan juntas.
Matthew Henry lo expresó así:
“La mujer fue formada de una costilla (costado) de Adán; no de su cabeza, como para querer tener dominio sobre él; ni de sus pies, como para ser pisoteada por él; sino de su costado, para ser igual a él, de debajo de su brazo para ser protegida, y de junto a su corazón para ser amada” (1999, p. 20).
Relevancia antes de la nación de Israel
Este pasaje nos ofrece un relato detallado de la creación del hombre y la mujer, y establece las bases teológicas para el matrimonio como núcleo de la sociedad.
A diferencia de las creencias del antiguo Cercano Oriente, que veían al ser humano como inferior e insignificante frente a las divinidades, Génesis presenta a hombres y mujeres como portadores de la imagen de Dios, “buenos en gran manera”. Esto dio a Israel una identidad única como pueblo con dignidad y valor, base para sus leyes y normas.
Preguntas que responde el texto
- ¿Cómo fue creado el ser humano?
- ¿Cómo se formó al varón y a la mujer?
- ¿Cuál es el propósito del ser humano?
- ¿Cuál es su valor?
- ¿En qué se fundamenta la igualdad entre hombre y mujer?
Lo que encontramos solo en Génesis 2
A diferencia de Génesis 1, aquí se nos da un proceso detallado:
- El hombre es formado del polvo de la tierra.
- La mujer, del costado de Adán.
- El jardín de Edén es descrito con su ubicación, ríos y propósito.
- El trabajo es armonioso, sin dolor ni espinos.
Como señala Sanford:
“En el Edén el hombre vive en un huerto arbolado, bien irrigado y fértil. Todo está en plena armonía desde las formas de vida superiores hasta las inferiores. Si bien hay tareas que cumplir, no existe lucha ni dolor para obtener sustento. No crecen cardos ni espinos” (1995, p. 78).
Reflexión personal
Génesis 2 muestra una relación íntima entre Dios y el ser humano. Dios no solo los creó, sino que suplió sus necesidades materiales y espirituales.
Hombre y mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios, con igual valor aunque con diferentes roles. El propósito divino no fue establecer superioridad masculina, sino proporcionar el complemento perfecto que el hombre necesitaba.
Sanford lo resume así:
“La verdadera vida humana es la vida compartida; la vida en aislamiento es una perversión de la naturaleza humana según la creación divina” (1995, p. 77).
En esencia, Génesis 2 nos recuerda que fuimos creados para vivir en comunidad, con igualdad en dignidad y diferencias que nos enriquecen mutuamente.

Por: Ps. Jorge Luis Luque Paravicino
Pastor asociado IBI En Cristo

Por: Leticia Bustamante Abad
Consejo Directivo IBI En Cristo


